Malditas ardillas

Malditas ardillas

Hablar de los finales de las películas es un pecado gordísimo más que conocido entre cinéfilos, pero me parece que no hay nada pactado acerca de los principios así que hoy quiero empezar hablando de ellos. Como pasa con las novelas los comienzos de las historias son fundamentales para captar la atención del espectador, engancharle y hacer que se meta en la trama lo antes posible olvidándose durante noventa minutos de todo lo demás.

Sin duda un maestro de esta técnica es Quentin Tarantino. Recuerdo que hace ya muchos años cuando vi por primera vez Pulp Fiction a puntito estuve de salirme del cine de la tensión que viví, o mejor dicho sufrí durante las primeras escenas de la película porque no entendía que tipo de historia estaba viendo. Minutos después tras superar el shock inicial disfruté de lo lindo sumergida en ese mundo a caballo entre el comic y el gore tan suyo.

Recientemente me sucedió algo parecido con Malditos Bastardos. Durante la primera escena que se desarrolla en una granja de vacas lecheras en Francia. El oficial del SD, el Standartenführer Hans Landa, genialmente interpretado por Christoph Waltz, sin alejar la sonrisa de sus labios con suaves palabras va haciendo crecer la tensión en el ambiente hasta límites insoportables. Tu mente sabe que algo va a pasar… pero: ¿qué? Y lo que es peor ¿cuándo?. Ya está. Conseguido!! Irremediablemente estás pillado las próximas dos horas.

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Como colofón a la conversación con el granjero, Hans Landa hace un símil entre dos tipos de roedores, ratas y ardillas. Sin duda el trasfondo está cargado de un horrible tufo antisemita y racista pero muchas veces incluso en los peores comentarios en bocas de las peores personas podemos encontrar un rastro de verdad o un hilo del que sacar una conclusión inesperada. Asociamos animales y lugares a buenas vibraciones mientras que otros, casi iguales, los cargamos de valores negativos de forma inconsciente. Las simpáticas y sociales ardillas al igual que las ratas también pueden transmitir enfermedades pero que sensaciones tan diferentes nos trasmiten, ni siquiera el simpático ratón Mickey con sus más de 50 años de historia ni la más reciente y también cinematográfica rata Remy de Ratatouille han conseguido librar a los roedores de semejante lastre.

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He pasado parte de mi verano en la sierra de Madrid, concretamente en un bendito lugar situado entre Villalba y El Escorial junto al embalse de Valmayor. Digo bendito porque es de verdad un entorno envidiable donde se duerme y se vive en un ritmo tranquilo y en plena naturaleza. Esta zona fue en tiempo un bosque de encinas con cuatro casas y aunque ahora ya la civilización ha llegado completamente, tenemos hasta un Mercadona, la verdad que la vida transcurre casi como lo hacía hace casi cuarenta años o al menos eso yo recuerdo. Bueno no igual exactamente, porque los árboles, pinos, encinas y algunos cipreses que entonces eran más pequeños ahora son gigantes centenarios, tan majestuosos que esconden la casa entre su ramas y sus troncos casi se pueden tocar desde las ventanas.

Y donde hay árboles, ya se sabe, hay pájaros. Mirlos, gorriones, algunas parejas de palomas torcaces, pero sobre todo urracas. Muchas urracas. Las urracas, no se por qué, no nos son demasiado simpáticas y como dice Ali el jardinero son “chivatas” y “ladronas”. Es cierto que existe el mito de que acuden a lo que brilla y se dice que se han encontrado en sus nidos monedas, llaves y hasta joyas y otros objetos de valor. La verdad es que yo no las he visto nunca robando, pero me libro mucho de dejar cosas a su alcance no vaya a ser… Chivatas y algo folloneras si son. Son córvidos muy inteligentes y gregarios, viven en grupos de entre tres y seis miembros. Su vida social es tremendamente activa pasan horas comunicándose entre ellos y retándose con los clanes vecinos.. Incluso con nosotros porque son muy listas y parece que les guste participar en las conversaciones del jardín, cuanto más jaleo de voces hay, más gritan ellas.

urraca

Años atrás solíamos ver también un pareja de ardillas que hacía las delicias de niños y mayores, tan graciosas saltando de rama en rama. Últimamente se las ve menos y no sabíamos por qué. Se dice que los hombres tenemos mucha culpa, que las atropellamos con los coches y las privamos de su alimento, es posible. También huyen de las casas donde hay perros o gatos pero no es nuestro caso, por eso no entendí por qué nos habían abandonado hasta que una mañana que vimos aparecer a una en un tronco de encina. Qué ilusión! la ardilla , mira por ahí va….saltando. De pronto, apareció un grupo de urracas que la cercaron y acosaron con sus gritos y aleteos hasta que la expulsaron de la parcela. Otra vez.

Cuando las observaba agitando las alas y chillando con fuerza me vino a la mente otra imagen de otro maestro del cine, Hitchcock: Esos córvidos asesinos atacando a las personas sin motivo aparente. Me dio un poco de recelo.

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La falta de razón y explicación en los hechos es un factor fundamental a la hora de entender el suspense, si en la película Los Pájaros no nos hubiesen dejado con la terrible duda y la tensión de conocer el porqué, quizás habríamos podido sobrellevar mejor el miedo y la tensión. Esa misma tensión que sientes al ver la ardilla cercada por las urracas y que sólo se disipa cuando descubres cuál es la verdadera causa de esta agresividad hacia el tierno y simpático roedor: Las ardillas incluyen en su menú, además de los frutos y semillas, los apetecibles huevos que roban de los nidos de las urracas. Entonces todo da un giro y de pronto te resulta más fácil comprender el comportamiento del ave que no hace más que defender sus arboles frente a lo que para ellas es un maldito enemigo por muy adorable que éste pueda parecernos nosotros con su larga cola roja.

ardilla

1 Comment

  1. ya te echaba de menos. Muy bueno!

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