Colecciono luego existo

Cuando era niña muchos días finales de agosto, al caer la tarde, tenía que escuchar a mi madre sentenciar mirando al cielo: “Ya se van notando los días, ya son menos las horas de sol”. Eso solía pasar por estas fechas o antes incluso y para nosotros que ya llevamos varios meses de vacaciones era un jarro de agua fría en toda regla. No se hablaba entonces nada del Trauma Post-vacacional pero seguramente el nudo que se me hacía en el estómago se le parecía muchísimo.

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Volver a nuestras obligaciones después de tantos días de libertad se hace muy, muy cuesta arriba. Las ropa de otoño en las tiendas, las noticias sobre aeropuertos llenos, los atascos, los hoteles y playas que se vacían… que horror!!. Tampoco ayudan los anuncios de la vuelta al cole que nos pretenden convencer de la bonanza de nuestra propia rutina con esos niños risueños estrenando ropa y libros recién comprados. No cuela, lo siento, esto en lugar que ayudar deprime más.

Uno de los consejos que nos dan para superar este famoso “trauma” es plantearnos nuevas ilusiones, nuevos proyectos. Pásate por un centro de bricolaje a principio de septiembre y sabrás de que te estoy hablando. Es como si una extraña de fiebre por el trabajo manual se hubiese apoderado de todos, literalmente nos entran ganas de cambiar muebles, pintar paredes, ordenar, arreglar… buscamos tareas ilusionantes para a hacer más llevadera la vuelta como cuando corremos a hacernos un nuevo corte de pelo después de sufrir un disgusto (eso funciona, lo garantizo).

Si no hay presupuesto, o necesidad de reformas otra opción muy socorrida, parece que es comenzar una Colección. Sorprende ver florecer cada mes de septiembre esa avalancha de colecciones en quioscos y en anuncios televisión. Seguro que no soy la única que se pregunta: ¿Por qué coleccionamos? ¿Quién compra estas cosas? ¿De verdad es rentable para las editoriales este negocio?.

Cuando era adolescente hice una colección de focas. Todo surgió de forma casual. Una amiga de mi madre me regaló un llavero una foca de bronce y a los pocos días alguien me regaló un peluche. Lo quise ver como una señal y comencé a coleccionar este simpático animal en todas sus formas y materiales posibles: Peluches, cerámicas, cristal…etc. Esta afición la mantuve sólo unos pocos años porque comprobé que coleccionar no era lo mío, me ocupaba mucho espacio y tiempo y me producía mucha ansiedad tener que estar pendiente de buscar focas allá donde fuese. Así un día la deje sin más, no la terminé porque las colecciones de verdad nunca se terminan. Todavía conservo algunas de aquellas focas de recuerdo, las más pequeñas que me miran desde una estantería de mi casa.

La Cámara de las maravillas
El coleccionista es “el reunidor de un poco de todo”: Cicerón

El coleccionismo como almacenamiento de objeto bellos comenzó en el siglo XV con el Renacimiento Italiano. Mas tarde en los siglos XVI y XVII se extendieron por toda Europa las llamadas “Cámaras de las Maravillas” o “Gabinetes de curiosidades” estos gabinetes eran estancias donde se exponían convenientemente en vitrinas los más variados objetos. Obras de arte se exponer junto a conchas, piedras, minerales, huesos e incluso animales disecados. Un gabinete que se preciase debía tener al menos un cocodrilo y una momia, “de América venían las maravillas, y de África los monstruos”. Gobernantes y aristócratas, mercaderes y burgueses contaban con su propia colección donde se afanaban en acumular y exhibir rarezas de un mundo aún sin terminar de descubrir.

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El coleccionista privado de hoy en muy diferente. En un capítulo del programa El precio de la historia en el que los dueños de una casa de empeños en Las Vegas compran las cosas más inauditas, un posible cliente había acumulado, fruto de una colección de años, más de mil Transformers en un garaje. Mil!! Muchos de ello repetidos y la mayoría dentro de su caja sin estrenar (así tiene más valor). Tristemente ya no podía mantener la colección.

https://www.youtube.com/watch?v=ejRo01_OB7c

Algunas opiniones creen que el coleccionismo exagerado puede ser señal de un problema psicológico variante del síndrome de Diógenes, un afán por rescatar por medio de bienes que en muchos casos no poseen valor alguno el legado del pasado. Para otros en cambio es una “patología sana” un modo de expresar el control sobre un aspecto de nuestra realidad privada, un modo de autoafirmación.

No diré nada ni en favor ni en contra de el coleccionismo. Coleccionar monedas, sellos, dedales, abanicos…..incluso focas puede ser una entretenida afición y por mucho que nos sorprenda en España las colecciones por entregas tienen mucho éxito, de hecho las editoriales hacen su agosto en septiembre, ya que este mes supone el 35% de su facturación anual.

Según la editorial RBA cuando una colección tiene éxito los coleccionistas no sólo las terminan sino que en ocasiones las continúan por su cuenta porque una colección es atractiva cuando está viva.

Según el filósofo francés Jean Baudrillard. La búsqueda de los objetos, aunque a veces se viva como un sufrimiento, es una forma de seguir en un mundo en el que el coleccionista se siente bien, una manera de conjurar la propia muerte porque: “La presencia del objeto final significaría la muerte del sujeto”.

No se si aquel día que deje de coleccionar mis pequeñas focas detuve o no el tiempo a la vez que alivié mi propio sufrimiento. lo que si es seguro es que me libré de tener no una romántica “cámara de las maravillas” sino un burdo y triste garaje lleno de focas.

 

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